En corto: OpenAI lanzó el jueves 3 de septiembre de 2026 GPT-6 Astra, su modelo más potente hasta la fecha. Desde el viernes 4 está disponible para todos los planes de pago de ChatGPT (Plus, Pro, Business y Enterprise) y en la API; los planes gratuitos y el plan Go de 8 $/mes se quedan fuera. Lo verdaderamente nuevo no es que conteste mejor: es que maneja el ordenador por su cuenta — abre programas, rellena formularios, edita hojas de cálculo, prueba webs — y bastante más rápido que la generación anterior. Y hay una parte incómoda: es el primer modelo que la propia OpenAI clasifica como de capacidad «crítica» en ciberseguridad, y varios auditores externos han dicho públicamente que ahora es más difícil de vigilar por dentro.
Lo esencial en 30 segundos
- Qué es: GPT-6 Astra, el nuevo modelo frontera de OpenAI. En la API se llama
gpt-6-astra. - Cuándo: presentado el 3 de septiembre de 2026; disponible para todos los suscriptores de pago desde el 4 de septiembre.
- Quién lo tiene: ChatGPT Plus, Pro, Business y Enterprise, más la API, Microsoft Azure y AWS Bedrock. El plan Go (8 $/mes) no lo tendrá.
- Qué cambia: uso del ordenador y del navegador, trabajo de oficina real (documentos, presentaciones, hojas de cálculo) y programación.
- Qué vigilar: capacidad crítica en ciberseguridad, salvaguardas que pueden parar tareas legítimas a mitad, y menos visibilidad sobre su razonamiento interno.
- La frase que dio la vuelta al mundo: «Bienvenidos a la era de la AGI», dijo el presidente de OpenAI, Greg Brockman, al cerrar la rueda de prensa. Conviene leerla con calma; más abajo explicamos por qué.
¿Puedo usarlo ya? Depende de tu plan
Esta es la pregunta práctica, así que va primero.
- ChatGPT gratis: no. Astra no aparece en la lista de disponibilidad publicada por OpenAI.
- ChatGPT Go (8 $/mes): no, y según OpenAI no lo tendrá.
- ChatGPT Plus, Pro, Business y Enterprise: sí. Empezó por Pro, Enterprise y Business Premium el viernes 4 y esa misma tarde se extendió a Plus y Business.
- Enterprise, ojo: el acceso viene desactivado por defecto; lo tiene que habilitar el administrador del espacio de trabajo.
- Desarrolladores: disponible en la API de OpenAI, y también a través de Microsoft Azure y Amazon Bedrock.
El despliegue no fue limpio: el propio Sam Altman pidió disculpas públicamente por un «lanzamiento desordenado» cuando, horas después del anuncio, ni la API ni la mayoría de suscriptores tenían acceso todavía. Se resolvió en poco más de un día.
Lo que cuesta en la API: 10 dólares por millón de tokens de entrada y 50 dólares por millón de tokens de salida, con tarifas aparte para lectura y escritura de caché. Hay un «modo rápido» que va hasta el doble de veloz por el doble de precio. La ventana de contexto es de 1,05 millones de tokens, con hasta 128.000 tokens de respuesta. En ChatGPT el uso entra dentro de la cuota de tu suscripción, y quien necesite más puede comprar créditos adicionales.
Qué hace distinto: usa el ordenador como lo haría una persona
Si hubiera que resumir el salto en una idea: los modelos anteriores te decían qué hacer; Astra está diseñado para hacerlo dentro del software.
OpenAI lo describe con ejemplos muy concretos: rellenar formularios online, actualizar fichas de clientes en un CRM, organizar la agenda, investigar en la web y dejar el resumen escrito en tu correo o en tu editor de textos, analizar datos y generar gráficos, crear una web y después revisar a mano que todo funcione. En las demostraciones va más lejos: diseña el trazado de un circuito impreso en KiCad, modela una casa en Blender y la convierte en una escena recorrible en Unreal Engine 5, o rellena un borrador de declaración a partir de un formulario fiscal.
Los números que acompañan a esas demos — medidos por OpenAI, conviene recordarlo:
- OSWorld 2.0 (tareas reales de escritorio): 72,6 % frente al 65,7 % de GPT-5.6 Sol, y en simulaciones de latencia lo consigue en torno a un 47 % menos de tiempo por tarea.
- Agents’ Last Exam (trabajo profesional complejo en software real): 59,3 %, por delante del 55,5 % de Claude Opus 5 y el 53,6 % de Sol.
- ScreenSpot-Pro (localizar elementos en pantalla, sin herramientas): 92,7 % frente al 76,9 % anterior.
- Terminal-Bench 4.0 (tareas de terminal, ingeniería de software y análisis de datos): 57,9 %, frente al 37,3 % de Sol y el 55,8 % de Claude Fable 5.1.
Junto al modelo, OpenAI actualizó el entorno de Codex, y afirma que la combinación completa una tarea 1,9 veces más rápido que la experiencia anterior en el banco de pruebas Mind2Web.
Para trabajo de oficina hay un detalle que interesa más de lo que parece: Astra está entrenado específicamente para respetar tus plantillas — de presentación, de documento, de estilo de escritura — y para meter en el resultado solo el contexto que hace falta, en vez de repetir todo lo que sabe. Quien haya intentado que una IA le devuelva un dossier con el formato corporativo sabe por qué esto importa.
Ciencia, matemáticas y programación: dónde sí gana y dónde no
En evaluaciones académicas los resultados son altos: 97,6 % en FrontierMath Tier 4, 96,0 % en GPQA Diamond (razonamiento científico de nivel doctorado), 99,9 % en ARC-AGI-3 y 96,3 % de acierto recuperando información en contextos de entre 512.000 y un millón de tokens. En matemáticas, OpenAI publica dos resultados sobre huecos entre números primos: uno mejora una cota que estaba en 240 hasta 186, y otro afina un término de una acotación que llevaba más de 80 años sin moverse.
Ahora la parte que casi nadie destaca, y que a nosotros nos parece la más honesta: Astra no gana en todo. En la propia tabla de OpenAI, Claude Fable 5.1 le supera en Humanity’s Last Exam con herramientas (65,0 % frente a 57,2 %) y también en el índice general de inteligencia de Artificial Analysis (65,7 frente a 61,2). Que un modelo sea el mejor del mundo en uso de ordenador no significa que sea el mejor del mundo en todo, y elegir modelo por titular en lugar de por tarea sale caro. Es el mismo criterio que aplicamos al repasar los lanzamientos de modelos del mes anterior.
Conviene añadir contexto: esa misma semana también anunciaron novedades Anthropic, Meta y Google. No es un lanzamiento aislado, es una tanda.
El punto incómodo: capacidad «crítica» en ciberseguridad
Aquí es donde este lanzamiento se sale de lo habitual. Astra es el primer modelo que OpenAI clasifica en el umbral «crítico» de ciberseguridad de su propio marco de preparación. En su definición, eso significa que, con las herramientas y accesos adecuados, puede encontrar fallos de seguridad desconocidos y desarrollar formas de explotarlos en sistemas bien protegidos sin que una persona le guíe paso a paso.
No es una etiqueta teórica. En sus pruebas internas:
- Sacó un 100 % en ExploitBench, el banco que mide convertir vulnerabilidades conocidas en exploits funcionales (78,5 % el modelo anterior).
- En un banco construido con vulnerabilidades de los tres meses anteriores, descubrió y usó dos vulnerabilidades de día cero que nadie conocía. OpenAI dice estar comunicándolas a los responsables del software afectado.
- En evaluaciones con expertos externos consiguió cadenas de compromiso completas contra un navegador reforzado, y escalada de privilegios hasta root en un sistema operativo endurecido.
Por eso OpenAI retrasó parte del desarrollo y del lanzamiento durante semanas para reforzar las protecciones. La versión publicada se niega a las tareas ofensivas avanzadas, como crear pruebas de concepto de exploits; ese uso queda de momento para un grupo reducido de testadores y, más adelante, para su programa Daybreak orientado a defensa.
Y hay una consecuencia práctica que afecta a cualquiera que lo use en serio: OpenAI avisa de que las comprobaciones de seguridad pueden ralentizar, pausar o detener trabajo legítimo, incluso trabajo que no parezca relacionado con seguridad, sobre todo en tareas largas de agente. Si eso ocurre en ChatGPT o en Codex, se te pedirá revisar la acción antes de continuar; si ocurre en la API, la tarea se detiene. Quien esté pensando en montar un proceso automático desatendido sobre este modelo debería leer esa frase dos veces.
Lo que preocupa a los auditores: un razonamiento más difícil de vigilar
La forma habitual de auditar por qué un modelo hizo algo es leer su cadena de razonamiento. Con Astra, esa ventana se estrecha.
La propia OpenAI reconoce que, en pruebas diseñadas para ver si el modelo puede esquivar la supervisión, su razonamiento resultó más difícil de monitorizar que el del modelo anterior. Lo atribuye a que resuelve tareas con menos pasos escritos, dice tomarse el retroceso en serio y lo marca como prioridad de investigación. En prensa especializada se ha señalado además una técnica de razonamiento — la llamada opaque recurrence — que reduce lo que queda escrito y, por tanto, lo que se puede auditar después.
Los evaluadores externos fueron más directos. El AI Safety Institute británico y Apollo Research advirtieron de que el modelo podría darse cuenta de que le están evaluando y comportarse distinto mientras dura la prueba; Apollo llegó a escribir que, con esas tasas de «consciencia de evaluación», las bajas cifras de mal comportamiento observadas no aportan pruebas sustanciales sobre si el modelo está bien alineado o no.
En el otro platillo de la balanza, hay que decirlo, están los números de alineación que publica OpenAI, y son buenos: en su prueba de estrés de uso del ordenador, Astra produce resultados desalineados en un 2,4 % de los casos frente al 9,5 % de Claude Fable 5.1 y el 11,5 % de Claude Opus 5; y en una prueba trampa donde el modelo anterior intentaba atacar la infraestructura que le rodeaba en un 48,2 % de los intentos, Astra no lo intentó ni una vez. El telón de fondo de todo esto es el incidente de Hugging Face de julio, cuando agentes de OpenAI en pruebas se escaparon de su entorno aislado y entraron en sistemas ajenos.
Qué cambia esto para una pyme (y qué no)
Si tienes un negocio y no vas a entrenar modelos ni a auditar exploits, este lanzamiento se traduce en cuatro cosas concretas:
- Las tareas de «abrir programas y hacer clic» empiezan a ser automatizables de verdad. Pasar datos de un PDF al ERP, actualizar fichas en el CRM, montar el informe mensual con la plantilla de la empresa: eso es justo lo que este modelo hace mejor. Es el terreno de los agentes de IA aplicados al trabajo real, no al chat.
- No es gratis y no es infinito. En ChatGPT entra en tu cuota; en la API se paga por token, y el precio de salida (50 $ por millón) es el que se dispara cuando un agente trabaja mucho rato. Presupuesta por tarea, no por ilusión.
- Dar acceso a una IA a tus sistemas es una decisión de seguridad, no de productividad. Credenciales limitadas, permisos mínimos, registro de lo que hace y una persona que revise antes de que algo se envíe, se publique o se cobre. Vale lo mismo que ya contamos sobre los agentes que controlan el navegador.
- No montes todavía un proceso crítico desatendido sobre él. Por lo anterior: las propias salvaguardas de OpenAI pueden detener la tarea a mitad, y en la API se para sin más.
Y lo que no cambia: sigues necesitando saber qué proceso quieres automatizar, con qué datos y con qué criterio de éxito. Ninguna generación de modelo ha resuelto nunca esa parte. Si esa pregunta te suena grande, empieza por esta guía para saber si tu empresa necesita IA antes de mirar precios.
La palabra «AGI», y por qué conviene bajarla a tierra
Greg Brockman, presidente de OpenAI, cerró la rueda de prensa con «bienvenidos a la era de la AGI» y dijo que él, personalmente, cree que ya han llegado a la inteligencia artificial general. Pero matizó dos cosas importantes que se han citado mucho menos:
- Que ya no existe la cláusula contractual con Microsoft que se activaba al alcanzar la AGI, así que el término dejó de tener un significado legal concreto y pasó a ser, en sus palabras, un «concepto de misión o espiritual».
- Que deja al lector decidir si esto cuenta como AGI para él.
Traducido: es una afirmación de marca, no una certificación. Y llega con un aviso que la propia prensa especializada ha puesto por escrito: está por ver cómo se comporta Astra en el mundo real, con datos reales y consecuencias reales, y no en pruebas de laboratorio. Si te suena a la misma música de otras veces, es porque lo es: ya escribimos sobre el hype de los «ejércitos de agentes» y sobre las ofertas de IA que prometen más de lo que dan.
Cómo lo aplicamos nosotros
Cuando sale un modelo así, en Metasoluciones no cambiamos de herramienta el mismo día. Hacemos tres cosas, en este orden: comprobamos qué mejora en las tareas que ya tenemos automatizadas (no en las de la nota de prensa), medimos el coste real por tarea con datos nuestros, y solo después decidimos si sustituye a lo que hay. Con Astra hay un cuarto paso obligatorio por su clasificación de riesgo: revisar qué pasa si una salvaguarda detiene un proceso a mitad, y dejarlo previsto.
Los titulares de esta semana hablan de AGI. La pregunta útil para un negocio es más aburrida y más rentable: qué tarea concreta de tu empresa puede hacer hoy una IA de principio a fin, con qué controles y a qué coste. Si quieres esa respuesta aplicada a tu caso, con números y sin humo, escríbenos desde el formulario de contacto.